jueves, 6 de octubre de 2011

no se me ocurre un mejor nombre.

Cada momento que hoy viví fue impensado. No se si existen las palabras correctas para describir lo que siento. Hoy no es un día corriente, como todos. No. Mejor dicho, es como ninguno. No se si es bueno y malo, o si debo categorizarlo de esa forma. Llueve y sale el sol. En algunos momentos veo sombras a mi alrededor, en otros en cambio, me aferro a la idea de un sol radiante que me permita ubicarme al otro lado de la soledad.

Mi cabeza no piensa en otra cosa. De ella no sale otro sustantivo que no sea su nombre. O mejor, no puedo ni quiero pensar en otro motivo que no sea este. No es fácil extrañar, lo que es ridículo es sentir que estamos tan lejos y tan cerca a la vez; porque después de un día como hoy, ya no siento que estamos lejos, creo que esto nos acerca a una realidad que quiero vivirla por siempre. No se si reír o llorar, pero el cuerpo me exige lagrimas, precisamente porque es el corazón el que entiende de razones que la mente no. Aunque estoy sola en esta habitación rodeada de equipos eléctricos de ultima generación, se que no es lo indispensable y muy necesario para seguir con mi vida. Hoy tuve que adecuarme a las circunstancias, espero que sea el único y ultimo día del año, tengo que darle paso al minutero hasta mañana que reciba la mejor noticia, reencontrarnos.

Por momentos siento que me va a seguir pasando y que es necesario extrañar al otro para saber lo que se siente en su ausencia. Pero es mas fuerte que yo, agarro la almohada, apoyo mi cabeza en ella y me acuesto a pensar. A cada rato, ya creo que es inconsciente y automático, aprieto ‘menú’ y releo los mensajes una y otra vez, a medida que las horas transcurren esperando su nueva llamada, pretendiendo tranquilizar mi ansiedad.

Mis sentimientos divagan, van y vienen, no se quedan quietos. Eso no es extraño en mi. Puedo pasar de la risa al llanto en cuestión de segundos, y viceversa. Y estoy orgullosa de ser así, poder sentir, apreciar, amar, disfrutar de cada momento, cada sensación que vivo minuto a minuto, semana a semana, mes a mes, porque es impagable, inimaginable, tan fantástico como sentirse en el cielo. Si es que desde allí un hombrecito gobierna nuestro ser.

Acá lo esperaré, con alegría, abierta a toda escucha a cualquier hora.
Esto es lo que soy, un ser en permanente cambio, impaciente, alterable, disfruto y sufro a cada paso.

Ahora entendí que la felicidad siempre está por llegar, cuando menos la esperamos. Sin medir las consecuencias, para mi, hay dos ingredientes fundamentales en la vida para seguir siendo felices: esperanza y fe, son dos aspectos importantes que no quiero perder en este camino tan hermoso que algunos llamamos amor.

al mas alla

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